3 Tips para el diseñador común - Guruc Marketing Digital

¿Puedes hacer el logo más grande? ¡Necesito un color más vivo! Mueve esto aquí y mueve esto allá. Si te identificaste con algunas de estas frases, no hay duda de que formas parte del club del diseñador común. Un lugar donde día con día los clientes desorientados dan entrada a sus festivales interminables de cambios y adaptaciones para la conclusión de su obra maestra que tenía que estar lista la semana pasada.

Quizás mientras entrabas en calor leyendo el primer párrafo, vinieron a tu memoria un par de anécdotas aburridas, incómodas, desagradables y no descarto que debes de tener alguna que aún no has podido superar, pero no te preocupes, ya puedes ir olvidando todo eso porque el camión de la mudanza acaba de llegar y es hora de hacer espacio para nuevas ideas y formas de trabajar.

El día de hoy te comparto la ruta de salida hacia el mundo de los diseñadores sorprendentes, diseñadores que con tres sencillos pasos pueden establecer un canal de comunicación excelente con sus clientes y lograr de manera sencilla, lo que para muchos diseñadores solo ocurriría en un mundo de fantasía.

 

  1. Habla el mismo idioma que tu cliente

Al conversar con el cliente, siempre busco la manera de usar términos adecuados para referirme a las formas, los objetos, la letra, los tamaños e incluso algún tipo de material de impresión. Es indispensable manejar un lenguaje natural donde podamos expresarnos libremente sin tener que hacer que el cliente recurra al diccionario cada vez que hablamos. Un típico error del diseñador común es llamar a los elementos por su nombre de pila, ese nombre complejo de universidad que deslumbra a cualquier ser humano normal, pero que sin embargo, es un motivo de confusión para el cliente que de seguro nos costará un par de cambios.

Ejemplo:

“¿Esta sugiriendo que cambie la tipografía de la pleca en el encabezado del tabloide?”

– Diseñador Común

¿Quiere cambiar el tipo de letra en la parte de arriba del poster?

– Diseñador Sorprendente

 

  1. Muévete paso a paso

Hay excepciones, pero regularmente cuando el cliente requiere de nuestros servicios, llega a la mesa de juntas apresurado, lleno de ideas, rebosando de ejemplos y visiones de su producto ya finalizado. Es importante contagiarnos de esa energía, sin embargo no es una buena práctica dejarse inundar por ella, pues siempre debe de existir alguien que siga al pie de la letra los pasos de la receta. Un diseñador sorprendente va de la mano con el cliente ordenando las ideas y estableciendo un plan de trabajo con fechas reales. En muchos de los casos, la lógica del proyecto ha sido desarrollada en contra del reloj y puede no ser lo suficientemente poderosa para llegar a cumplir con el objetivo final del cliente. Un diseñador común no analiza, se deja llevar por la emoción, asigna fechas de entrega sin sentido y da por hecho que todo lo que se esta solicitando se tendrá que realizar.

Por más loca y rara que la idea parezca, nunca es bueno frenar y descartarla sin antes de hacer una buena evaluación. He sido testigo de ideas sin pies ni cabeza, que gracias a diseñadores sorprendentes, han ido a parar en la repisa de los grandes logros de la empresa.

Sin caer en lo aburrido y en el protocolo, se ordenado en tus juntas, repasa las ideas más de una vez acentuando los puntos importantes. Acomoda cada petición de acuerdo a la prioridad de tu cliente, esto te ayudará a optimizar mucho de tu tiempo y durante el análisis lograrás abrir muchas puertas a nuevas ideas.

 

  1. Utiliza las herramientas correctas

Al tener las herramientas correctas, puedes captar la idea principal de tu cliente, dejar en claro conceptos, colores y proporciones que pudieran alargar el tiempo de entrega de tu proyecto al no traducirse correctamente. Recuerda que una de las fórmulas perfectas para generar miles de cambios en un proyecto y retrasarlo, es tener un cliente desorientado y un diseñador que no pueda interpretar las peticiones correctamente.

Para muchos diseñadores comunes es fácil captar la idea a su modo, dejando miles de elementos al aire que nunca fueron definidos por el cliente.

Un ejemplo muy común se da en el uso de colores, el cliente se expresa de manera muy natural al hacer su selección diciendo: “Utiliza el verde bandera”. El error se genera cuando el diseñador común dice “Ok” y decide imaginarse el color verde de la bandera de México dando por hecho que el cliente así lo requiere, mientras que el cliente se imagina un color verde más claro, pues su bandera imaginaria está más desgastada (Esto último fue un chiste).

Un diseñador sorprendente tiene siempre disponible en su computadora, laptop, tablet, celular, una gama completa de colores para que el cliente seleccione visualmente el color exacto.

Actualmente existen miles de herramientas que nos ayudan a interpretar casi de manera exacta muchas de las peticiones de nuestros clientes, sin duda la investigación para descubrir cada una de ellas es una buena práctica que siempre debemos realizar.


Jonathan Ibarra.